domingo, 26 de enero de 2014

Promises.

This is not about what you feel when you are alone, this is about who you are when you are with people. Then you are the people, not you anymore.

No hay más tú si cuando al pensar en mi no formas parte. No he dejado de ser yo, has dejado de ser tú. Ahora todos son tú. Qué pena, habrías sido para siempre. Tú.

Huele a mar, la camisa lleva mojada días. La ventana está abierta y paso casi todo el día asomada a ella, a veces me acerco a la silla y echo un poco de agua encima de la ropa, creo que de ese modo la camisa seguirá mojada, siempre. No me preguntes que es siempre, no lo sé. Probablemente si todos los días derramo al menos un vaso sobre ella, continúe mojada, no me cabe duda. Además la ventana seguirá abierta y el invierno aún tiene unos meses por delante y sopla frío. ¿Pero qué hay del olor a mar? Si fuera una niña, o si esto tratara de simular agua de mar, le echaría sal. Igual que escuecen y arden las heridas, igual que comprabas peces de agua salada e intentabas que sobrevivieran en agua con sal. Se parece pero ya no es lo mismo. Not you anymore.

Ya sabes lo que dicen, cuando deseas algo muy fuerte, se acaba cumpliendo. Déjame cambiar el dicho, cuando luchas por algo muy fuerte, eso es lo único que importa. Tú luchando por aquello que deseas. Al fin y al cabo qué sería de eso que deseas sin ti. Sin un tú que luche por él.

viernes, 17 de agosto de 2012

Al mal pasado buena cara.

Me ha vuelto a pasar, o quizás ha pasado. Simplemente ha pasado y ya solo pienso en que termine de pasar, que pase rápido. Que duela todo lo que tenga que doler, pero que pase.

No me he rendido, no he abandonado. Me han echado de mi vida. Sigo sentada en la puerta, y a veces sigo dando golpecitos, incluso digo su nombre, a veces grito su nombre. Dentro hace mucho ruido y aquí fuera frío, lo suficiente como para que no me echen de menos.

¿Contra quien luchas cuando el enemigo ha abandonado? Alterar su vida feliz y previamente soñada con la esperanza de que saque el cuchillo y acabe por matarme.

Quiero que pase rápido, no sé que es lo que quiero que pase pero si quiero que pase rápido. Pero entonces pienso y veo que quizás ya ha pasado. Y que estoy sola, muy sola y que la vida es eso, tú contra tu mundo. Yo contra el mio.

De todos modos yo ya sabía que el infinito incluía el nada, incluía el nadie, incluía el nunca. Pero no quise verlo. Te quería tanto. Te quiero tanto que a veces me he dejado de querer, te he dejado de querer. También tú a mi.

El amor de mi vida tiene eso que solo tienen los amores de nuestras vidas, que son para siempre, o para nunca. Que son infinitos.

sábado, 2 de junio de 2012

Hoy también.


He conseguido ilustrar con caricaturas de tu cara algo que llevo viendo en mis ojos noches y semanas. No es más autentico que el reflejo de la felicidad en tus pestañas, pero son las mismas pestañas las que frenan a tus lágrimas para que no lleguen a tu boca las ganas de tenerme cerca.
Son más claras las noches contigo que las mañanas de luces encendidas. No es más facil ver el reflejo del espejo a oscuras que tu imagen en mi cabeza.
Aún tenemos claro que las nubes se van, y luego aparecen y lloran, lloras. Pero que el sol aveces quema y entonces las lagrimas que tanto enfriaban, ahora arden dentro del ojo.
Cuando el sol ya no quema, cuando el calor viene de dentro. Cuando las mantas solo abrigan si tú estas en la misma habitación, en la misma noche y por las mismas razones.
Mañana no trabajes. Mañana ven a mi casa, ven y dime que aún no es el día pero que volverás, que prepare hueco en el sofá que tu maleta vendrá llena de películas de las que merece la pena recordar.


Cashback. La película.


Las pegatinas de caritas felices, de sonrisas, están ahí. Las tengo. Nunca lo he tenido claro pero siempre lo he tenido presente. No he olvidado nada desde siempre y eso que odio los todos y los nunca. Parece que no soy capaz de escribir si no lo tengo claro, hacia tiempo quizás que me había olvidado de las cosas e incluso personas que me han traído hasta aquí, hasta ahora. Estoy empeñada y cada vez más segura de que, no erróneamente, la felicidad es algo que crece con nosotros, y que cada día se hace más mayor y sin embargo nadie sopla sus velas. Hay que parar el tiempo para poder pensar en qué quizás exista. Pero cuesta, incluso duele apartarte de lo que hace daño, de lo que echas de menos o lo que perdiste y ya no volverá. Porque hasta esos momentos ahora son tú, y querernos con lo bueno nos hace mejores, pero querernos con lo malo es complicado, querernos con lo malo es lo que cuesta parte de lo bueno. Todo es parte de algo con la ausencia de lo que no es. Y hoy simplemente quería dejar escrito que estoy agradecida de todo lo malo que me ha pasado y me seguirá pasando. Estoy tremendamente agradecida de que exista porque así cada sonrisa es un regalo, es la recompensa. Y si, soy muy capaz de sonreír y de ser feliz y eso más que nada y más que todo y más que nunca y más que siempre, me hace ser feliz y sonreír. 
Hoy en día las redes sociales nos han enseñado a expresarnos por escrito, nadie nos mira a los ojos y conseguimos ser quien queremos ser, y sin embargo todos los días acabamos aparentando ser más tristes de lo que jamás llegaremos a ser. Más tristes, más lágrimas, más dolor, porque se sonríe por dentro. Solo les deseo a la gente que más quiero que seáis capaces de llorar, de no ver la salida y aún así descubriros sonriendo al final del día, al final de ese minuto eterno, dentro, muy dentro. Si queréis a escondidas. 


'Hubo una vez en la que quise saber lo que era el amor, el amor está presente si tú quieres que lo esté. Solo tienes que ver lo que está envuelto en belleza y escondido entre los segundos de tu vida. Si no te paras un minuto puedes perdértelo.'




'La felicidad no depende de lo que hagan los demás, Sussy.'


miércoles, 30 de noviembre de 2011

La razón indudable, los motivos dudosos

Para cuando quieras darte cuenta todo habrá pasado. Al pasado una mantita y un libro para pasar el invierno. Suceden los días como piedras del rio. Se mueven por la corriente pero pesan más que sienten. Recurrente cobardía esa de la que muchos presumen y de las que pocos o nadie tiene el control. A veces aparece y nos deja desnudos tras la vista de gente que no tiene ojos para ver. A veces no aparece. Y es ahí cuando el ser humano tiende a cometer el error de atreverse, en un mundo donde se castiga la valentía y se premia la sumisión.  Si perteneces a un grupo selecto de personas, te crees protegido, te crees que otros pensaran por ti. Resulta que al final con esa teoría en mente, nadie piensa por los demás. Porque en teoría, todo en teoría, pero en la práctica, nadie actúa. 
No es un rebaño, porque las ovejas no somos nosotros, son aquello que contamos con intención de que los sueños aparezcan antes, con prisa, como todo. Y los sueños, sueños son, como bien dijo Calderón de la Barca. 


Me he olvidado el paquete de tabaco en casa, en un cajón. Aun así hay humo suficiente en cada rincón de la calle. Pues no hay boca en la ciudad que no haya callado a otra, y que no haya vendido humo, que no haya comprado sexo. 

Yo haciendo honor a mis palabras que al fin y al cabo son reflejo de la ambigüedad de mis actos, he decidido premiar al valiente que consiga pensar por los demás. Aquel valiente que sin duda se mojaría los bajos de los pantalones por ser el primero en meterse en el agua de la playa, este invierno. Por cerciorarse de algo que ya sabe. El agua esta fría, y por eso allí no hay nadie.  Pero se moja el pantalón porque sabe que si él no lo hace, puede que nadie venga a advertirle. “está fría, mejor espere a que el sol comience a calentar.” De nadie, salvo el mismo. Es a ese valiente al que me refiero. Porque ya sabemos lo incomodo que es tener el pantalón mojado. Pesa más de lo que se siente. 


jueves, 27 de octubre de 2011

Time de Hans Zimmer


Porque igual que vivo donde ella empieza, muero donde ella acaba.
No recordaba los pasos que había dado hasta llegar aquí. Estaba oscuro y el suelo, frío. Notaba el aliento de alguien más, a veces rozaba mi cuello, otras un soplo al corazón. Me sentía en llamas pero apagada. Apagada la piel, los músculos, el tacto, el sabor, en llamas lo de dentro, lo que quema, a veces, si me dejan.
Me estremecí una vez más. Entonces su piel socorrió a la mía que cansada ya decidió abandonarse. Entonces cerré los ojos. Lo que podían ver mis ojos en ese momento no era muy distinto a lo que veía al tenerlos abiertos. Pero al cerrarlos ganaba ventaja, recuperaba el tiempo perdido, el sentido del tiempo como todos los demás sentidos se agudizaban al privarme de la vista. 
Chirriaron las bisagras de la puerta y lo siguiente fueron pasos, él si sabía por dónde había llegado. Qué le había llevado hasta ahí. No era yo, por el momento. 
No había luz, andaba a oscuras, su presencia sin embargo me guiaba, entonces decidí complicarme la vida, y di otro paso más. Hacía ninguna parte, ni hacía delante, ni hacía atrás. Él en cambio se desvaneció. Lo noté porque ahora me notaba en otro sitio, ni más hacía delante, ni más hacía atrás. Me notaba temblando, expectante, pero aún de pie. 
Los susurros que estaban al principio, seguían ahí. Gracias que los susurros como los abrazos, como los besos, como las caricias, como las sonrisas, como las miradas de complicidad, como los chistes a tiempo, como la mano que te levanta, como la palmadita que te anima a seguir, no han de saberse el camino ni de ida ni de vuelta. 
Clin! La llave está en el suelo. Las llaves, me volvió a susurrar. No habrá una. No habrá dos. No habrá tantas como puedas imaginar. Habrá tantas como estés dispuesto a encontrar, pero solo darás con una. La opción acertada, por la que diste un paso, y otro, y otro, en ninguna dirección pero en todas. Quedarse quieto es no querer salir de allí. No es andar rápido o correr, o avanzar, lo que llamamos huir. Huir es preguntarle a los susurros, a los abrazos, a los besos, a las caricias, dónde está la puerta. No hay respuestas para tantas preguntas, nada nos asegura que detrás de la puerta que abras habrá menos oscuridad y más claridad. Pero sabes con certeza que al abrirla, las caricias, las sonrisas, las miradas de complicidad, los chistes a tiempo, la mano que te levanta, la palmadita que te anima a seguir, estarán ahí. 
Nada acaba, cuando al final de todo, cuando coges aire para espirar por última vez, notas llenarse tus pulmones, notas cómo ni hace tanto frío ni te cuesta respirar. 


Suerte.